Publicado: 2025-11-25

Roles y usos de la memoria en el Paro Nacional de Colombia 2021 Roles and Uses of Memory in the 2021 Colombian National Strike

Contenido principal del artículo

Cómo citar

Muñoz Londoño, J. (2025). Roles y usos de la memoria en el Paro Nacional de Colombia 2021. Nova Et Vetera, 34, e-1122. https://doi.org/10.22431/25005103.1122

Recibido: 21 de noviembre de 2024; Aceptado: 5 de noviembre de 2025; : 11 de diciembre de 2025

Resumen

Problemática

el paro nacional de Colombia de 2021 fue un hito de la movilización social en la historia reciente del país y la región, en el que la memoria se consolidó como un eje articulador de resistencia, acción colectiva y disputa por el sentido del pasado. La problemática central radica en comprender cómo la memoria fue movilizada, performada y resignificada en medio de un contexto de crisis social, protesta, represión estatal y búsqueda de reconocimiento.

Objetivo

analizar los roles y usos de la memoria dentro de los repertorios de acción colectiva del paro nacional, destacando sus dimensiones artísticas, rituales y pedagógicas como formas de resistencia y construcción de sentido político.

Metodología

se adoptó un enfoque cualitativo y constructivista, combinando la revisión documental de prensa, redes sociales y material audiovisual con entrevistas semiestructuradas a participantes de las movilizaciones.

Resultados

el análisis permitió identificar patrones simbólicos y narrativos que muestran cómo la memoria actuó como una herramienta política, estética y emocional, capaz de activar procesos de reconocimiento y denuncia.

Conclusión

estas prácticas de memoria no solo visibilizaron la violencia y la injusticia, sino que también funcionaron como dispositivos performativos de reconfiguración comunitaria y resignificación del pasado en el presente.

Palabras clave

memoria colectiva, acción colectiva, resistencia, movilización social, paro nacional Colombia 2021.

Abstract

Problem statement

The 2021 Colombian National Strike was a milestone of social mobilization in the recent history of the country and the region, where memory was consolidated as an articulating axis of resistance, collective action and dispute over the meaning of the past. The main problematic lies in understanding how memory was mobilized, performed, and resignified amid a context of social crisis, protest, state repression, and the search for recognition.

Objective

To analyze the roles and uses of memory within the repertoires of collective action of the National Strike, emphasizing its artistic, ritual, and pedagogical dimensions as forms of resistance and political meaning-making.

Methodology

A qualitative and constructivist approach was adopted, combining documentary review of press materials, social media content, and audiovisual sources with semi-structured interviews conducted with participants in the mobilizations.

Results

The analysis identified symbolic and narrative patterns showing how memory operated as a political, aesthetic, and emotional tool capable of activating processes of recognition and denunciation.

Conclusion

These memory practices not only made visible the dynamics of violence and injustice but also functioned as performative devices for community reconfiguration and for resignifying the past in the present.

Keywords

collective memory, collective action, resistance, social mobilization, National Strike Colombia 2021.

Introducción

¿Qué tienen en común un grafiti, un monumento derribado, una velatón, un performance callejero o un museo itinerante en medio de un contexto de confrontación política tan álgido como el paro nacional de 2021? Todos son en el fondo ejercicios de memoria. En el marco de una coyuntura social con tanta movilización de afectos, ofensas, demandas, intereses e ideales, son actos simbólicos como estos los que materializan y escenifican los procesos de memoria que subyacen a la consolidación de acciones colectivas como las ocurridas en Colombia desde abril del 2021 hasta finales de ese mismo año. Así pues, se vuelve central abordar la relación entre lo ocurrido en estas protestas y la construcción o uso de la memoria para fines específicos dentro de este ciclo de movilización.

La pregunta por la memoria en medio de la movilización social es clave porque es por medio de ella que los procesos sociales se mantienen en el tiempo y resignifican el acontecer constante para dinamizar y vitalizar la acción colectiva. En otras palabras, le dan un sentido de pasado, de presente y, por lo tanto, de cambio hacia el futuro. Bajo este entendido, la forma en la que las memorias, los posicionamientos y los objetivos fueron articulados durante el paro nacional es fundamental para comprender el sentido de las múltiples expresiones que en él se presentaron. Esto, en últimas, habla sobre el rol que tuvieron esos ejercicios de memoria para el éxito, el fracaso o el significado de dichas acciones colectivas.

En ese sentido, la pregunta que detona el presente estudio es: ¿cuáles fueron los roles que tuvo la memoria colectiva durante el marco del paro nacional del 2021 y su contexto de movilización social en Colombia? Aquí, cuando se habla de rol, se hace referencia a las causas, sentidos, usos, consecuencias y procesos desatados por los ejercicios de memoria dentro del desarrollo del ciclo de protestas, todo dentro de una amalgama de diversidades identitarias y culturales que buscaron un camino hacia lo político por muchas vías de acción. Sin embargo, por más eclécticas o dispersas que parecieran, en su mayoría contaron y cuentan con un espíritu mnémico subyacente que las cobija bajo unos horizontes de sentido y unas prácticas de uso del pasado (viejo y reciente) que alimentan a la movilización social. De allí la importancia de enmarcar más reflexivamente las múltiples prácticas de memoria llevadas a cabo por la ciudadanía a partir de lo artístico, lo académico, lo ritual, lo disruptivo y lo creativo, entre otras, como parte del repertorio de sentido colectivo que caracterizó al paro nacional de 2021 (Amaya et al., 2023).

Uno de los principales objetivos de este estudio es visibilizar y comprender estas diferentes expresiones creativas y disruptivas que marcaron el papel de la memoria como proceso colectivo durante el paro nacional. Para ello, no solo se presenta una breve reconstrucción del contexto sociopolítico y de los hechos que marcaron a este ciclo de movilizaciones, sino que se complementan los hallazgos con los testimonios de participantes de las protestas y la recuperación de experiencias colectivas que ilustran los hechos. Por otro lado, este enfoque contextual y metodológico se integra en un marco de análisis que busca comprender la forma en la que se relaciona la memoria con la movilización social, especialmente en contextos de resistencia a violaciones de derechos humanos en el contexto latinoamericano.

Contexto teórico

La memoria, tanto individual como colectiva, es el eje que articula la manera en la que recordamos nuestro pasado, vemos nuestro presente y proyectamos nuestro futuro (Manero Brito y Soto Martínez, 2005). Estos tres puntos están conectados gracias a un ejercicio de memoria permanente traducida en una amalgama de narrativas y prácticas que construyen sentido a nuestras vidas en sociedad, lo cual significa que existen unos procesos constituyentes de subjetividad, que son directamente condicionados por las acciones discursivas y la fuerza simbólica de la memoria (Piper-Shafir et al., 2013). Una perspectiva parte de lo dicho por Maurice Halbwachs, citado en Piper-Sharfir et al. (2013): la memoria es un conjunto de acciones sociales, políticas y culturales producto de procesos colectivos. Así pues, la memoria, más que un recuerdo estático, es un accionar pragmático que nos permite identificarnos como sujetos sociales y políticos; es decir, nos hace quienes somos y da sentido a lo que hacemos. Esta lógica, puesta en el contexto del paro nacional de 2021, permite comprender por qué suelen estar presentes ejercicios de memoria alrededor de la acción colectiva, bien sea otorgando motivaciones para movilizarse o incluso siendo en ocasiones el objetivo en sí mismo de la movilización.

Este proceso colectivo que implica la memoria, al ser productora de sujetos en medio de contextos sociopolíticos específicos, es a su vez fuente de resistencias y transformaciones. De allí que sea un proceso de acción que tiende puentes efectivos entre lo discursivo y lo performativo, poniendo en diálogo los lenguajes, las identidades y los espacios (Piper-Shafir et al., 2013). La memoria como performance pone en perspectiva el objetivo de actos como las conmemoraciones, los rituales y demás ejercicios colectivos que se centran en el recuerdo de pasados trágicos o de víctimas. En este sentido, la memoria colectiva se manifiesta también a través de unas performatividades, conjuntos de actos, gestos y puestas en escena, que son parte también del repertorio estratégico mediante el cual encarnan, producen, transforman o refuerzan emocionalmente nuevos sentidos políticos (Puga, 2024).

Así mismo, dicho rol en el marco de la acción colectiva pone estas prácticas sobre un plano de transformación social, enfocado en usar el pasado como fuente para acciones políticas ciudadanas. Es a partir de ello que se puede entender el efecto de actos como velatones, marchas por las víctimas o murales, porque son acciones que transmiten una fuerza simbólica y discursiva de gran calado para influir en la forma como leen el momento los sujetos colectivos que se movilizan. La transformación como ideal futuro pasa entonces por la comprensión violenta y agraviada del pasado que debe ser puesta en conocimiento público y superada en el presente, incluso teniendo en cuenta que esto implica un choque de visiones, de discursos y de significaciones, dado que la memoria es también un escenario de disputa enmarcado en lógicas de poder, y en consecuencia, de resistencias y tensiones que pueden ser entendidas incluso bajo la perspectiva de la contramemoria. Este es un concepto que da cuenta del ejercicio de desafío directo a los relatos de la memoria oficial con el fin de poner en circulación narrativas subalternas sobre el pasado y hacer justamente de la memoria un campo de disputa simbólica y política, una memoria de los vencidos o subalternos, cuya misma existencia es un acto político de resistencia que cuestiona discursos soberanos y devela olvidos, silencios e injusticias (Monroy Álvarez, 2018; Vázquez Guzmán, 2015).

Narrativas de lucha como las que se dieron durante el paro nacional de 2021 en Colombia suelen estar mediadas por la represión y la política del miedo (Cacopardo y Malacalza, 2019; Calveiro, 2015), pero dan cuenta a su vez de la siempre presente capacidad de respuesta de las nuevas voces subalternas. El paro nacional trajo consigo actos que contribuyen a construir narrativas en las que aparece en escena un nuevo sujeto de resistencia, cuyas memorias pasan por el reconocimiento de las violencias y las causas estructurales de la opresión. De esta manera, el ejercicio mismo de construcción de memoria hace parte de un proceso de acción política resistente al presente y al pasado (Gutman y Wüstenberg, 2021), y como consecuencia, los ejercicios colectivos de resistencia comunitaria pasan a vehiculizar las prácticas de memoria y a darles un sentido de transformación. Es decir, la ubican en un terreno político, haciendo de la memoria una práctica en sí misma y no solo un relato (Calveiro, 2016). Con ello, pasa también a tener un objetivo, a ser una herramienta y un catalizador, en otras palabras, se hace memoria como medio para resistir a un estado de cosas injustas y violentas por transformar, lo que a su vez puede desatar un proceso de configuración de nuevas subjetividades y realidades.

Ahora bien, ¿en qué sentido tiene esto lugar cuando se enmarca a la memoria dentro de un proceso de acción colectiva? Para ello, se debe ir más allá del proceso colectivo de usos del pasado y de construcción de subjetividades y poner la discusión dentro de un contexto de movilización social que tiene a la memoria colectiva como una parte crucial dentro de su proceso organizativo y motivacional. Así, hablar de las características de la movilización social en un sentido integral implica tener en cuenta de manera simultánea los aspectos del contexto político en el que se genera, los elementos estratégicos y organizativos que la hacen posible y las bases identitarias que promueven la solidaridad y se comprometen con una causa (Cepeda-Másmela y Muñoz Londoño, 2020). La forma en la que todos estos elementos confluyen entre sí es la base para comprender el sentido de una movilización, desde lo más cultural hasta lo más político.

Figura 1:

Fuente: Harris (2006, p. 22, traducción propia).

Así pues, la figura 1 ilustra la forma en que la memoria entra en el juego de la acción colectiva al apropiarla y enmarcarla dentro de procesos sociales específicos. No todo ejercicio de memoria es o va enfocado a una acción colectiva con fines de transformación o resistencia; debido a ello, ambos modos de acción deben verse separados. Sin embargo, cuando el objetivo es evidenciar justamente las formas en las que la memoria aporta al proceso movilizatorio, es importante comprender los flujos que tienen estos dos procesos, y que pueden articularse según la coyuntura y las formas de apropiación del pasado y el presente.

Es indispensable la ocurrencia de eventos con un efecto detonador para motivar acciones colectivas, según la forma cómo se apropien y se enmarquen. Es decir, la forma como se entienden y se significan las situaciones por parte de las personas es lo que puede terminar conllevando a una acción colectiva que reaccione o se resista a esos eventos. Ahora, la forma como se seleccionen esos eventos y pasen por un proceso de memoria colectiva puede darle un sentido diferente a esa apropiación de lo sucedido. De allí la centralidad de las motivaciones y demandas para movilizarse, pues estas se entienden solamente desde unas comprensiones específicas y seleccionadas del pasado.

Ahora bien, el paso de la apropiación social a la acción colectiva es a su vez el paso de lo identitario y lo interpretativo hacia lo organizativo y estratégico. Esto sucede al enmarcar unos significados e identidades dentro de unas estructuras de oportunidad y unas capacidades materiales que permitan llevar el recuerdo y el sentido del pasado hacia una acción colectiva en concreto. Es decir que son necesarios, tanto un clima político de indignación y unas estructuras de movilización funcionando, como unas formas de recordar y dignificar que nutren los reclamos de justicia, para así poder llevar a cabo acciones colectivas de la incidencia que tuvieron en el paro nacional. Es bajo esta comprensión que la memoria juega un papel clave de renovación y sostenimiento en estos escenarios, ya que alimenta la base simbólica e identitaria que dota de sentido las acciones colectivas. Dicho en palabras del mismo Harris:

No son las memorias per se las que pueden directamente influir sobre las acciones colectivas en el tiempo, sino que son los significados que agraviaron a los grupos atados a esas memorias los que pueden determinar sus capacidades para ayudar a los posibles retadores en su búsqueda por dar sentido a nuevas situaciones. (2006, p. 23)

Por otro lado, la clave analítica está en entender cómo se hace el reconocimiento presente de las injusticias y agravios del pasado. Esto es, desde un proceso de construcción y socialización de memoria colectiva, una visión del pasado que signifique como injustas a unas prácticas y unos valores fundantes. Así, se confirma a la memoria como parte esencial en el engranaje de las acciones colectivas y los procesos de agencia ciudadana que las hacen posibles, como el establecimiento de acuerdos narrativos para proporcionar significados que definen su posición frente al presente y marcan las rutas para la reconstrucción de su pasado (Delgado-Salazar, 2011, p. 208). En otras palabras, un relato compartido de la acción le permite al colectivo social ir construyendo un discurso, un lugar de enunciación sobre el acontecer histórico (p. 208) que legitima posturas dentro de la movilización e influye en la identidad de los sujetos inmersos en la acción colectiva.

Las acciones de memoria realizadas en el marco del paro nacional en su mayoría giran en torno a continuidades de la violencia pasada y la violencia presente. Esto incluye la forma en que se articulan las injusticias y las víctimas pasadas con las prácticas que continúan perpetuándolas en la actualidad. Un ejemplo de ello es la escenificación pública del sentimiento doloroso (Castrillón Baquero et al., 2016, p. 415) que se hizo en el caso de los actos conmemorativos para las víctimas y la unión de estas memorias en el marco del paro. Así, se crea la posibilidad de reunirse en torno a los eventos de pérdida y la búsqueda común de soluciones, lo que fortalece sentimientos relacionados con el apoyo, la vitalidad y la reconstrucción de sus vidas, junto con otros (p. 415).

Esto último es un ejemplo de cómo la memoria puede ser fuente de unión y afianzamiento de lazos, pero a la vez un proceso con objetivos concretos basados en la dignificación o la reparación simbólica de los afectados, una postura en la que el pasado, entendido no como algo terminado sino como un proceso en continua construcción, es un elemento que dota de sentido a la realidad social y participa de los modos en que los sujetos significan y dan sentido (Manero Brito y Soto Martínez, 2005, p. 173) a sus realidades en disputa. Dentro del intrincado escenario de conflicto social colombiano, algunos ejemplos recientes de este tipo de acercamientos a la memoria pueden ser: el rol clave que cumple para vehiculizar procesos de transformación cultural para la reconciliación (Amaya et al., 2023), o la importancia de la territorialización de la misma para que las víctimas puedan resignificarse a sí mismas y sus espacios vitales en contextos y lugares de conflicto y posconflicto (Cristancho et al., 2024). Por su parte, el presente análisis busca ahondar y comprender, desde sus distintas facetas, causas y consecuencias, el rol multidireccional y complejo de la memoria dentro de escenarios de movilización social de gran escala como el del paro nacional de 2021, donde la unión y la dignificación de las y los involucrados es también nuclear.

Metodología

El presente estudio adopta un enfoque cualitativo fundamentado en una epistemología constructivista, que concibe la realidad social como un producto dinámico de las interacciones humanas mediadas por significados y prácticas culturales. Esta perspectiva permite analizar los procesos sociales como construcciones colectivas influenciadas por los contextos y visiones de los actores, defendiendo la interpretación científica del sentido subjetivo atribuido por estos en la vida cotidiana (Retamozo, 2012). Este marco resulta clave para explorar cómo la memoria se construye, resignifica y moviliza en contextos de protesta, comprendiendo su papel central en las acciones artísticas, rituales y pedagógicas dentro de los repertorios de resistencia social.

La metodología empleada combina diversas técnicas cualitativas complementarias, cuyo cruce de datos permite abordar el fenómeno de estudio desde distintas perspectivas. En primer lugar, además de la revisión documental de referencias académicas, se realizó también un análisis de prensa exhaustivo, principalmente de notas periodísticas, crónicas, contenido audiovisual y redes sociales, todo desde diferentes medios tanto nacionales como especializados e independientes. El proceso implicó la lectura y registro sistemático de noticias y reportajes publicados entre abril y agosto de 2021, con lo cual fue posible identificar y clasificar las expresiones de memoria colectiva que emergieron y se recopilaron en caliente durante el paro.

La selección de las fuentes y contextos se fundamentó en su relevancia para documentar el papel de la memoria en un evento tan significativo. Así, las expresiones estudiadas de este tipo reflejan la diversidad cultural, política y social de los actores involucrados, desde comunidades indígenas hasta movimientos estudiantiles y feministas. Esta diversidad evidencia las múltiples capas de significado de la memoria en contextos de movilización, donde opera como herramienta de resistencia y fin en sí misma. Además, dichas fuentes fueron organizadas analíticamente según su fecha, medio, lugar, actores involucrados y el tipo de práctica de memoria descrita, lo que permitió dilucidar un panorama preliminar de categorías de análisis a partir del cual se estructuraron los ejes interpretativos de la investigación para la discusión categorizada de los resultados.

En segundo lugar, se llevaron a cabo entrevistas semiestructuradas con participantes clave de las movilizaciones, tales como un miembro de la segunda línea, una activista de colectivas feministas y un emprendedor de memoria popular. Las mismas fueron analizadas mediante un ejercicio de codificación temática, tomando como referencia las categorías previamente identificadas en la revisión documental, pero también permitiendo la emergencia de nuevos sentidos desde los relatos de los actores sociales. Así, las entrevistas aportaron una dimensión subjetiva y experiencial que complementó el panorama construido a partir de las fuentes periodísticas.

El análisis cruzado se realizó de manera comparativa y relacional, articulando la información documental con las narrativas recogidas en las entrevistas, con el objetivo de triangular las fuentes en torno a algunos ejes comunes —la resignificación del espacio público, las prácticas de memoria como herramienta de resistencia y la memoria como vehículo articulador de demandas sociales—, al tiempo que se reconocieron los matices y tensiones entre lo narrado en medios y lo vivido por los manifestantes. La combinación de análisis temático y análisis crítico de las narrativas puestas en juego permitió, por un lado, la contrastación e identificación de patrones y categorías según el abanico de hechos sucedidos durante el paro, y por el otro lado, un enfoque en los lenguajes simbólicos empleados alrededor de dichas expresiones artísticas y rituales, con el fin de entender cómo estas prácticas desafiaron narrativas hegemónicas y sostuvieron la movilización colectiva.

En síntesis, la metodología adoptada permitió analizar cómo la memoria operó a modo de eje transversal en los repertorios de acción colectiva del paro. Asimismo, las fuentes tanto documentales como testimoniales sobre las prácticas de memoria permiten entender cómo estas canalizaron formas de resignificar espacios públicos y articular demandas históricas. Destaca así la importancia de la memoria como un campo dinámico de acción, que parte de múltiples interpretaciones, que adquiere múltiples voces, que se manifiesta desde múltiples expresiones colectivas y que se documenta desde múltiples perspectivas.

Resultados y discusión

Las múltiples caras que asume la memoria y sus roles pueden ser evidenciados de manera directa en una serie de acciones y simbolismos que muestran la amplitud y la creatividad en los repertorios de manifestación que se dieron en esta última coyuntura social. El paro nacional de 2021 se caracterizó por traer a los focos de atención nacional toda una explosión creativa y expresiva que acompañó los mensajes políticos de indignación, ayudando a que desde el arte se pudiera generalizar más sensibilización con las causas y alimentar un mayor espíritu de transformación. Esta es una idea centrada en los nuevos repertorios de acción colectiva, incluyendo su aspecto narrativo, que permite la inclusión de nuevas voces (actores y subjetividades políticas) en la memoria colectiva y por lo tanto en las luchas sociales.

Se habla entonces de una diversidad de movimiento y visualización que permite mayor cohesión, identidad colectiva, resignificación y reafirmación de las causas. Así pues, los repertorios unifican a la gente alrededor de objetivos políticos comunes que ponen en perspectiva problemas y situaciones compartidas, desde lo cual permiten replantearse el orden existente a través de una perspectiva que se distancia del modelo tradicional, conformando nuevas formas de interacción y resignificando otras (Céspedes y Acevedo, 2021, p. 4). En ese sentido, el análisis a continuación se permite profundizar y desglosar algunos de los tipos de acciones de memoria usados en el repertorio de protesta y movilización colectiva en Colombia durante el contexto reciente.

Arte visual callejero: grafitis, murales y ‘pisales’

Uno de los ejemplos de acción colectiva y memoria que más tuvieron visibilidad en el paro de 2021 fue la tremenda explosión de arte visual que inundó las calles, las paredes y los puentes de las grandes ciudades de Colombia, incluso las de algunas ciudades intermedias o pueblos. Todo esto como consecuencia de una toma y reapropiación colectiva de los espacios públicos que se conectó, por un lado, con una ciudadanía que tenía mucho por decir, y por el otro, con una capacidad creativa juvenil que desde lo visual generó un parteaguas en el uso del arte como herramienta de protesta en el país.

Los murales y pisales (mensajes, comúnmente de gran escala, que se pintan en el piso) que proliferaron por las calles y las redes sociales centraron su intención comunicativa en mensajes cortos, contundentes y acompañados muchas veces de visuales muy simbólicas sobre las luchas, las injusticias cometidas o incluso los rostros y nombres de las víctimas de la represión. Esto último es una muestra de que los murales no solo fueron una pieza clave en la visualización de la protesta, sino que también fueron nodos centrales en la dinamización de la memoria colectiva que la acompañaba. [En cualquier] parche dicen ‘aguanta hacer algo’ en conmemoración a una fecha o en respuesta a algo y entonces empiezan a sumarse: un colectivo dice ‘yo me sumo’, otro dice ‘yo pongo la pintura’ (Puentes, 2021). De esta forma se pone a la memoria en el centro como ejercicio colectivo y de construcción para encontrarse, democratizar, dar voz, parar y reflexionar, entendiendo que los murales y pisales no son solamente productos para ser observados, sino que su misma construcción es el resultado de procesos colectivos de deliberación y construcción que se unieron alrededor del arte, la demanda social y la movilización de la memoria colectiva.

Adicionalmente, estas expresiones aparecen como un acto de memoria y denuncia que apunta a un pasado violento y a un presente que continúa siéndolo, al tiempo que conectan temporalidades y trazan continuidades para la denuncia y la resistencia. De este modo, el espacio público se convirtió en sí mismo en un medio de comunicación para interpelar transeúntes y mandar mensajes desde abajo a un gobierno nacional que no ha sabido escuchar (Ramírez et al., 2021). En palabras de Puentes (2021): un mural es como si alguien se parara con un megáfono a gritarle a todo mundo, es una denuncia que se aprovecha del arte y de la apertura que da el espacio público para, en el caso de las expresiones de memoria, usar elementos del pasado reciente y no reciente, bien sea con el fin de reforzar el contenido de la denuncia política o para hacerla directamente por medio de un acto mismo que recuerde a las víctimas.

Vale la pena destacar algunos ejemplos de estas intervenciones. Uno de los más recordados es el enorme pisal realizado frente a las oficinas de la Jurisdicción Especial de Paz en contra de la desaparición forzada (Ramírez et al., 2021). Este fue un acto que, por su contexto y el simbolismo del espacio público, no solamente exigía justicia recordando los desaparecidos en las semanas del paro, sino que también lo hacía por los miles de desaparecidos registrados en Colombia por causa del conflicto armado. Otro ejemplo es el realizado en Bogotá por Circo al Paro y Mafapo (Madres de Falsos Positivos de Colombia), quienes pintaron 6402 siluetas en andenes en representación del número de víctimas de falsos positivos a manos del ejército colombiano durante las últimas décadas, una intervención que dio una dimensión humana a una cifra (Puentes, 2021). Un tercer ejemplo es la intervención en Bogotá de 26 artistas urbanos a puentes vehiculares, con imágenes de líderes, lideresas, firmantes del acuerdo y víctimas asesinadas por el Estado, la Fuerza Pública y grupos armados al margen de la ley, en una iniciativa que invitaba a través de imágenes y mensajes, a la creación de la memoria colectiva y un llamado a la no repetición (Dousdebes, 2021a).

Es así como la inspiración viene de y al mismo tiempo nutre lo que pueden ser llamadas las huellas de memoria colectiva (Dousdebes, 2021b), que entre otras también son una forma de ver la incidencia memorial de los actos de resistencia gráfica urbana. A pesar de ser actos visuales disruptivos de corta duración y mensajes concretos, ayudan a construir un lenguaje de resistencia y una memoria colectiva de injusticias ante las cuales protestar.

Los trazos del arte callejero que han acompañado a las marchas y las protestas durante el paro nacional son testimonios sobre violaciones a los derechos humanos que suceden en el país y también son clamores de esperanza y exaltaciones de la vida y la libertad de expresión […] en estos colectivos que intervienen los muros están los hijos de varias décadas de violencia, que crecieron viendo fenómenos como el paramilitarismo y las milicias urbanas de 1990, jóvenes que no tienen nada que perder y que están indignados y cansados de vivir y presenciar la injusticia […] las carencias que muchos colombianos han padecido por décadas, un acervo de emociones en los muros. (Piedrahita, 2021)

Por esta vía es que el arte visual en el espacio público genera conciencia colectiva e invita a la reflexión, lo que permite hablar también del uso y apropiación del espacio público. Con estos actos, el espacio reivindica su condición para convertirse nuevamente en un territorio para la colectivización, el encuentro ciudadano y la reflexión conjunta. La calle pasa entonces a ser un espacio democrático capaz de mostrar la diversidad de pensamiento y de artístico, es perfecta para denunciar, hacer memoria y visibilizar mensajes de manera transversal (Dousdebes, 2021b). Se evidencia entonces el claro rol que cumple como espacio y lugar para hacer memoria, pues pintar en la calle es un acto político que reivindica la ciudad como espacio democrático (Dousdebes, 2021a).

Ahora bien, en la mayoría de los casos, la protesta y la memoria en el espacio público implican una acción de respuesta, tanto oficial como por personas individuales en contra de las protestas, que busca re-silenciar y ofrecer una contra-resistencia. Son innumerables los testimonios de murales repintados y tapados, o de carteles quitados, entre otros ejemplos, muchas veces buscando silenciar voces, negar violencias, ocultar injusticias o evitar la memoria de ciertas acciones. El hecho de borrar murales es un claro ejemplo de contra-resistencia memorial que entra como repertorio de respuesta por parte de quienes se oponen a las protestas, incluido el Estado. Sin embargo, sobre los nuevos murales, aún hay gritos de aerosol: ‘Aunque borren los murales, no borrarán la memoria’ (Puentes, 2021).

Ejercicios de archivo, museo y antimuseo

Como una segunda categoría de ejercicios de memoria colectiva en el marco del paro nacional de 2021 están todas aquellas iniciativas que actuaron desde la curaduría artística y la intencionalidad de realizar un homenaje recopilando los datos a modo de archivo. Estos son muestras de ejercicios memoriales mucho más conscientes de la importancia de visibilizar y recordar desde la dignificación a las víctimas, así como de la visibilización de injusticias estructurales y de sus respectivas formas de resistencia. Son a su vez procesos colectivos que trascienden las posibilidades de la acción directa en las calles, ya sea porque salen de ella hacia espacios cerrados o virtuales, o porque complejizan su relación con el espacio público planteando estrategias de itinerancia y gran adaptabilidad.

Estos ejercicios son iniciativas que apelan de manera paralela al arte y a la rigurosidad de la recopilación de archivo, lo que permite un proceso simultáneo de sensibilización profunda, pero a la vez de denuncia, archivo y, en general, de memoria colectiva. Así, por ejemplo, las personas que asisten a un memorial se podrán sensibilizar con los rostros, nombres y edades de las víctimas mortales, por un lado, al mismo tiempo que el entorno permite hacer un trabajo exhaustivo de seguimiento a las violaciones de derechos humanos con un fin colectivo de justicia, dignidad y reparación.

Esto en el contexto del paro nacional prácticamente implicó procesos de memoria instantáneos, es decir, actos que se dieron en la misma coyuntura temporal y en el mismo marco de violación de derechos que se buscaba recordar. Es un proceso diferente a un acto de memoria realizado años o décadas después, y que tiene efectos diferentes en el colectivo, en la coyuntura y, por lo tanto, igualmente inmediatos en la movilización social misma que se encuentra en desarrollo. Los ejemplos de archivo y museificación sorprenden por la capacidad para rastrear casos, identificar víctimas, contactar familiares y recopilar hechos para visibilizar violaciones sistemáticas de derechos humanos que ocurren en simultáneo.

Un primer ejemplo de esto es la exposición Vidas robadas realizada en el espacio de memoria fragmentos en la ciudad de Bogotá, el cual a su vez fue nutrido por un ejercicio periodístico de documentación de cada una de las víctimas mortales durante el paro nacional. Todo surgió por la iniciativa del portal periodístico Cuestión Pública de hacer homenaje a las que hasta el 20 de mayo eran las 42 víctimas mortales durante el paro, tanto civiles como de fuerza pública (Cuestión Pública, 2021). Hecha con gran rigurosidad y con un objetivo claro de dignificación, la exposición constituyó una herramienta de archivo valiosísima para muchos sectores y niveles de la sociedad colombiana en el momento, siendo fuente tanto para propios periodistas como para familiares, artistas y los mismos colectivos organizados.

Hacer visible el número y la identidad de aquellos que ya no están a causa de la represión trasciende el acto de dignificación de la persona misma y pasa a nutrir la memoria colectiva de las injusticias permanentes por cambiar. Vidas robadas está planteada como una acción de memoria, pero también como una acción urgente en medio de la crisis provocada por las masivas protestas que se han estrellado contra la represión policial (Torrado, 2021).

Por otro lado, desde iniciativas menos institucionales, fueron también valiosos los ejercicios populares de recopilación de experiencias y expresiones durante el paro, construyendo así archivos vivos de la resistencia y la creatividad que la materializa. Un claro ejemplo de ello fue el proceso realizado en el espacio humanitario Al Calor de la Olla, instalado en el Portal Resistencia en Bogotá, donde se dio vida a un museo al aire libre en el que las piezas artísticas se emplazaban en el mobiliario urbano (Flórez, 2021). Así nació el que se llamó en un comienzo Museo Humanitario del Portal de la Resistencia, y luego pasaría a conocerse como el Anti Museo de las Resistencias. Los mismos creadores de la iniciativa la definen así:

Queríamos que estuviera lejos de la noción de museo tradicional y se acercara más a un ejercicio de recuperación de la memoria, en resistencia contrahegemónica, con un tinte político disidente, para visibilizar a las periferias y hacer una sistematización, una memoria, del tema del paro. Considerábamos que era muy importante registrar y dar a entender que lo que se está viviendo ahora es un momento histórico que responde, como en otras ocasiones, a los modos en que el Estado colombiano ha violado los derechos humanos. (Flórez, 2021)

Es en ese sentido que puede afirmarse que los ejercicios de museificación y archivo, bien sea desde un origen institucional o popular, constituyen un referente fundamental en la consolidación de la memoria del paro nacional de 2021. Son iniciativas colectivas atravesadas por el arte que enfocan su trabajo en la recopilación de experiencias, en la proyección de voces disidentes y en la necesidad de dignificar las vidas que injustamente se pierden en el proceso.

Derribando monumentos, resignificando espacios

Durante el paro nacional se vivió en Colombia una oleada de actos simbólicos en diferentes ciudades centrados en derribar los monumentos de figuras como Cristóbal Colón, Sebastián de Belalcázar, Gonzalo Jiménez de Quesada o Antonio Nariño. Un enfoque desde la memoria en la movilización social permite comprender cuáles son las razones de un colectivo para derribar un monumento, cuáles son sus implicaciones culturales y cuáles los efectos sobre la manera en la que los sujetos se relacionan con el pasado en Colombia.

Para entender de manera integral la caída de un monumento, el académico chileno Jonathan Lukinovic (2020) propone varios puntos: el contexto de ejecución, el ejecutante, la figura representada y su incidencia histórica en el contexto. En primer lugar, estos derribos se ejecutan en un contexto de paro nacional donde se concentraron muchos descontentos desde lo cultural y lo político, en un ambiente de movilización y reclamo que dio cabida a un encuentro entre demandas históricas y recientes. En segundo lugar, los ejecutantes fueron principalmente indígenas, jóvenes, manifestantes esporádicos y estudiantes, todos ellos grupos sociales silenciados y afectados por la desigualdad estructural en Colombia. En tercer lugar, las figuras representadas son símbolos de la Conquista y la Colonia, o próceres patrióticos de la época independentista. Finalmente, en cuarto lugar, la incidencia histórica de estos monumentos en el contexto actual del paro es la de unos símbolos que representan justamente esa historia de exclusión que quiere cuestionarse al momento de protestar por las condiciones actuales de injusticia.

Derribar un monumento, rayarlo o intervenirlo, también es hacer memoria en el momento en que se cuestiona lo establecido, se dialoga sobre lo escrito en piedra. Los monumentos en los espacios públicos son interpretaciones del pasado que moldean la memoria de la nación y configuran una identidad social colectiva que condiciona el presente y el futuro. Parafraseando a la filósofa argentina Nora Rabotnikof (2009), hacer memoria colectiva conmemorando personajes o hechos es adaptar la imagen de hechos distantes a las creencias y necesidades espirituales del presente; sin embargo, el choque se genera cuando estas imágenes no se adaptan al presente, pierden representación o incluso pasan a significar todo lo contrario.

Esta memoria transmitida por los monumentos y las conmemoraciones oficiales suele ser imperativa, es decir, estática, una memoria que se queda en su pedestal y no dialoga, que transmite unas identidades rígidas o de la nación misma. Es por eso que los actos disruptivos en el espacio público apuntan a la construcción de una memoria más maleable, más democrática, que dialogue con el presente, que permita la reconstrucción de hechos y la multiplicidad de voces, es decir, una política de la memoria que se erige como un espacio público para el recuerdo y como un instrumento que ilumina el patrimonio democrático (Vinyes, 2009), o, en palabras de Héctor Schmucler (2006), lo que podría llamarse un diálogo de memorias, una sinfonía de memorias.

De hecho, dentro de esta explosión creativa, vale la pena agregar la importancia que tuvo por toda Colombia el rebautizo de espacios públicos como calles, puentes, portales o parques. En Cali, Puerto Rellena ahora es Puerto Resistencia, en Bogotá el Portal de las Américas pasó a llamarse Portal de la Resistencia y la avenida Jiménez (por el colonizador Gonzalo Jiménez de Quesada) es también nombrada ahora como la avenida Misak (en honor al pueblo indígena que durante el paro derribó el monumento del mismo Jiménez). Estos ejercicios, por supuesto, dan cuenta de una intencionalidad colectiva que viene enmarcada dentro del ciclo de protestas del paro gracias a procesos de construcción de memoria, bien sea de largo plazo sobre exclusiones estructurales, o de la misma manifestación en curso.

Actos rituales y espacios de encuentro

Otros de los aspectos de la movilización social que tuvo un muy interesante desarrollo durante el paro fueron los eventos pensados desde un plano más sensible, espiritual y ritual con el fin de conmemorar la memoria de las víctimas. Todos estos pueden ser vistos, dentro del marco conceptual de la presente investigación, como espacios para la generación de memoria colectiva e incluso vehiculizar esta hacia la movilización dentro de una coyuntura colectiva específica. Es decir, que actos como las marchas de silencio, las velatones para recordar las víctimas, o los eventos de diálogo son momentos para nutrir de solidaridad, empatía y recuerdo colectivo las causas que movilizan.

Estos espacios pueden ser catalogados dentro de las llamadas acciones expresivas que nutrieron el repertorio de la movilización en Colombia durante el paro nacional. Tales acciones buscan, a través de las dimensiones estéticas, expresivas y performativas, romper con la cotidianidad en un espacio donde interactúa la sociedad, generar una reflexión política y solidarizar (Céspedes y Acevedo, 2021, pp. 28-29). Es allí donde se configura el sentido de ejercicios que se valen de la construcción de memoria colectiva para nutrir la movilización, como son las velatones, jornadas constantes que vieron alumbrar el fuego del recuerdo y de la esperanza en muchas calles y plazas de Colombia.

Algunos ejemplos de velatones fueron las ocurridas el 4 de mayo de 2021, de manera simultánea en muchos puntos del país, con el objetivo principalmente de abrir espacios para la solidaridad con las víctimas del paro en sus primeras semanas, acompañados incluso de actos de oración y clamor de justicia (El Espectador, 2021b). Adicionalmente, se destaca el caso de la velatón realizada en Cartagena (Cassiani, 2021), una caminata hacia los sectores de alto nivel económico de la ciudad e interpelando a la población desde la memoria visible de las víctimas y el fuego de las velas.

Por otro lado, es importante destacar el Festival de la Memoria que organizó para junio de 2021 la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz en Turbo, Antioquia, evento realizado para unir líderes comunitarios, jóvenes, hijos de víctimas y excombatientes, así como aquellos que han salido a las calles desde el 28 de abril [del 2021] (Parada, 2021), con el propósito de intercambiar de manera intergeneracional las reflexiones y experiencias sobre las violencias y los conflictos en Colombia. Dicho en palabras de uno de los participantes del evento:

Lo que queríamos lograr era que aquí se gestaran lazos de confianza y espacios de diálogo colectivos, otros más privados, con la perspectiva de que el sujeto histórico no es solo ellos, sino que lo que ocurre hoy en el país es un acumulado de muchas historias y memorias desde lugares diversos. (Parada, 2021)

Desde eventos como estos, se crean agendas y luchas comunes al compartir experiencias por medio de la memoria. En ese sentido, la memoria dinamiza y revitaliza la movilización social, llenándola de sentido y propiciando espacios para su fortalecimiento. Así, el intercambio de experiencias, puesto hacia las luchas de hoy, pone a la memoria también como espacio para el intercambio de experiencias y articulación de diferentes formas de resistencia, desde lo territorial, lo identitario y lo generacional.

Conclusiones

El presente trabajo parte de la necesidad de comprender el rol que jugó la memoria en el paro nacional de Colombia de 2021, un evento de movilización social sin precedentes por su magnitud y duración, desarrollado entre los meses de abril y agosto. Se observa cómo este ciclo de protestas reunió a diversos sectores sociales —jóvenes, comunidades indígenas, colectivos feministas, sindicatos, entre otros— en un contexto de profunda crisis económica, desigualdad y violencia estructural. A la indignación por las condiciones históricas de injusticia se sumó la victimización actual, agudizada por la represión estatal, que dejó un saldo de decenas de muertos, desaparecidos y heridos. Este escenario condujo a un proceso de memoria colectiva que permitió a los manifestantes articular demandas y resistencias, conectando el pasado con las tensiones del presente en busca de un futuro más justo.

La memoria colectiva, como proceso simbólico y organizativo, desempeñó un papel central en el paro nacional. Según Harris (2006), los procesos de memoria tienen la capacidad de influir en la acción colectiva al ser enmarcados dentro de una agenda sociopolítica que conecta los agravios del pasado con acciones concretas en el presente. En este sentido, las múltiples formas de expresión de la memoria durante el paro —desde el recuerdo de jóvenes asesinados hasta las demandas históricas de los pueblos indígenas— evidencian cómo estas narrativas pueden articularse bajo un marco común de acción.

El arte callejero emergió como una de las formas más potentes de memoria durante el paro. Murales, grafitis y pisales fueron capaces de llenar los espacios públicos con mensajes políticos que recordaron a las víctimas de la violencia y sensibilizaron a la población sobre las causas de la protesta. Asimismo, los actos disruptivos, como el derribo de monumentos, cuestionaron las memorias oficiales excluyentes, transformando el espacio público en un escenario de resistencia simbólica. Estos gestos representaron un rechazo a las narrativas hegemónicas de la historia nacional y una reivindicación de las voces marginadas en la construcción de una memoria colectiva más inclusiva, una que se sostiene y se proyecta a través de la performatividad de sus cuerpos movilizados, los cantos, los murales y los rituales, que no solo rememoran, sino que reconfiguran las identidades y las emociones del presente.

Otro aspecto fundamental es el trabajo de curaduría y archivística, tanto institucional como popular. Las iniciativas de museificación, memoriales y de recopilación de experiencias permiten mantener viva la memoria en medio de las tensiones de la movilización. Al dotar a estos ejercicios de un sentido político, la memoria se convierte en una herramienta más de protesta, capaz de exigir justicia y articular el pasado con el presente. Además, espacios de carácter ritual y espiritual, como las velatones, ofrecen momentos de reflexión y duelo colectivo, canalizando la esperanza y la unión en medio de la adversidad, y fortaleciendo los lazos sociales entre los manifestantes, algo que da cuenta a su vez del proceso constante que implica la constitución de la memoria, así como lo que esta misma ayuda para constituir realidades sociales (Manero Brito y Soto Martínez, 2005).

De esta forma, puede afirmarse que la memoria colectiva adquirió y desempeñó múltiples roles durante la coyuntura del paro nacional de Colombia en 2021, al funcionar como herramienta de denuncia, causa de movilización, medio de articulación, fin-en-sí-misma y, sobre todo, como proceso complejo de configuración de sujetos y realidades sociales en medio de contextos y temporalidades sociopolíticas que les condicionan. Su capacidad para construir subjetividades, dar sentido a las acciones colectivas y resignificar espacios públicos la convierte en un elemento esencial de las luchas sociales. En un contexto de violencia estructural y represión, recordar no solo se vuelve un acto político, sino también un proceso de sanación colectiva que apunta a transformar el presente y construir un futuro más digno.

No obstante, vale la pena poner sobre la mesa algunos puntos clave sobre el alcance limitado del presente estudio que ameritan futuros análisis complementarios a nivel político, simbólico y estructural. Por un lado, es importante profundizar puntualmente sobre las dinámicas de la confrontación entre memorias oficiales y memorias alternativas, sobre todo desde sus procesos de consolidación y de disputa en el espacio público. Por otro lado, queda abierto el interrogante sobre la sostenibilidad y la continuidad de estas prácticas memoriales después del paro, así como su impacto a mediano y largo plazo sobre la memoria social vigente y sobre procesos más dilatados de transformación estructural. De igual forma, sería relevante ahondar más en el análisis sobre cómo las distintas generaciones reinterpretan y resignifican estas memorias en diferentes contextos, teniendo en cuenta los roles que cumplen los medios de comunicación y las redes sociales en la circulación y consolidación de las memorias colectivas vinculadas a la movilización, incluso varios años después de estas.

Por último, a pesar de las tensiones o diferencias que existen alrededor del rol de la memoria desde perspectivas oficiales frente a perspectivas populares, no deja de ser importante identificar los ámbitos de acción que pueden ser fortalecidos desde el sector público y en constante diálogo con la ciudadanía activa. En ese sentido, es clave la protección y pedagogía sobre espacios permanentes de memoria en el espacio público, garantizando que sean puntos de encuentro abiertos al diálogo y la participación comunitaria, de tal manera que se promueva una memoria plural y viva en constante interpretación.

El presente artículo es resultado de la investigación final para optar por el título de la Especialización en Memorias Colectivas, Derechos Humanos y Resistencias de clacso y flacso Brasil.
Politólogo e internacionalista. Candidato a maestro en estudios políticos y sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México – unam. Correo: julian.ml.1908@gmail.com

El autor declara que no existe ningún conflicto de interés relevante para la realización y publicación del presente artículo de investigación.

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Problemática: el Paro Nacional de Colombia de 2021 fue un hito de la movilización social en la historia reciente del país y la región, en el que la memoria se consolidó como un eje articulador de resistencia, acción colectiva y disputa por el sentido del pasado. La problemática central radica en comprender cómo la memoria fue movilizada, performada y resignificada en medio de un contexto de crisis social, protesta, represión estatal y búsqueda de reconocimiento. Objetivo: analizar los roles y usos de la memoria dentro de los repertorios de acción colectiva del paro nacional, destacando sus dimensiones artísticas, rituales y pedagógicas como formas de resistencia y construcción de sentido político. Metodología: se adoptó un enfoque cualitativo y constructivista, combinando la revisión documental de prensa, redes sociales y material audiovisual con entrevistas semiestructuradas a participantes de las movilizaciones. Resultados: el análisis permitió identificar patrones simbólicos y narrativos que muestran cómo la memoria actuó como una herramienta política, estética y emocional, capaz de activar procesos de reconocimiento y denuncia. Conclusión: estas prácticas de memoria no solo visibilizaron la violencia y la injusticia, sino que también funcionaron como dispositivos performativos de reconfiguración comunitaria y resignificación del pasado en el presente.

Palabras clave:
memoria colectiva, acción colectiva, movilización social, Paro Nacional Colombia 2021, resistencia

Problem statement: The 2021 Colombian National Strike was a milestone of social mobilization in the recent history of the country and the region, where memory was consolidated as an articulating axis of resistance, collective action and dispute over the meaning of the past. The main problematic lies in understanding how memory was mobilized, performed, and resignified amid a context of social crisis, protest, state repression, and the search for recognition. Objective: To analyze the roles and uses of memory within the repertoires of collective action of the National Strike, emphasizing its artistic, ritual, and pedagogical dimensions as forms of resistance and political meaning-making. Methodology: A qualitative and constructivist approach was adopted, combining documentary review of press materials, social media content, and audiovisual sources with semi-structured interviews conducted with participants in the mobilizations. Results: The analysis identified symbolic and narrative patterns showing how memory operated as a political, aesthetic, and emotional tool capable of activating processes of recognition and denunciation. Conclusion: These memory practices not only made visible the dynamics of violence and injustice but also functioned as performative devices for community reconfiguration and for resignifying the past in the present.

Palabras clave:
collective memory, collective action, resistance, social mobilization, National Strike Colombia 2021

Julián Muñoz Londoño, Universidad Nacional Autónoma de México

Politólogo e Internacionalista. Candidato a maestro en Estudios Políticos y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México – UNAM.


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